Recetas
No cabe duda de que uno de los motivos que mueve a miles de aficionados a salir al campo a recoger setas no es otro que poder degustarlas. A la hora de cocinarlas el secreto de un buen resultado son: la frescura y el buen cuidado del material que hayamos recogido, es decir, la correcta manipulación del material desde su recogida hasta llegar a casa.
Crudas huelen a bosque y tierra húmeda. Pasadas por el fogón despiden delicadas fragancias. La gracia que tienen las setas está en su aroma y textura. La mayor parte de los olores de las setas están contenidos en el líquido que sueltan durante la cocción. Por ello no hay que dejarlo nunca que se evapore en su totalidad. Las setas conservarán todo su cuerpo cuando, al escurrirlas para que suelten el agua, se salteen a fuego vivo. Y el caldo sobrante se puede aprovechar para otro guiso o añadir al que se hace.
Aunque no se cultivan en huertas, por su composición pueden incluirse en el grupo de las hortalizas y su valor nutritivo es mayor que éstas. Su consumo es muy saludable ya que tienen muy pocas calorías y casi nada de colesterol. Las setas no son un alimento imprescindible en la dieta diaria, pero sí uno de los más exquisitos y valorados en la gastronomía.


